Me desperté temprano otra vez. Ya se estaba haciendo costumbre — llegar a una ciudad nueva y salir solo con la cámara antes de que los demás despertaran.

Lycabettus a solas

El cerro Lycabettus es el punto más alto de Atenas. No sabía cómo se llamaba cuando empecé a subir — solo vi un cerro y dije “voy para arriba”.

Subida al cerro Lycabettus

La subida es empinada, entre pinos y rocas. Pero lo que te encuentras arriba vale cada gota de sudor.

Atenas desde Lycabettus

La Acrópolis desde Lycabettus

Toda Atenas ahí abajo. La Acrópolis al frente, el mar al fondo, y la ciudad extendiéndose en todas direcciones. Una de las mejores vistas del viaje.

Los gatos de Atenas

Una cosa que nadie te dice de Atenas: hay gatos por todos lados. En cada esquina, en cada ruina, en cada café. No son callejeros tristes — están gordos, tranquilos, como si la ciudad les perteneciera. Probablemente les pertenece.

Gato en Lycabettus con vista a Atenas

Bajando de Lycabettus

Kalimera

Bajé del cerro y encontré una librería. Quería un libro en griego — no para leerlo, sino como recuerdo. Dije mis primeras palabras en griego: “Kalimera” para saludar. Y lo mejor fue cuando me respondieron de vuelta. Ese momento en el que dices algo en otro idioma y la persona te entiende y te contesta naturalmente — no hay nada como eso.

Monastiraki

Regresé al Airbnb, desperté a los demás, y salimos a explorar. Monastiraki es el corazón de Atenas: mercados, tiendas, restaurantes, y la Acrópolis siempre ahí arriba mirándote.

Monastiraki

Monastiraki con la Acrópolis al fondo

La Acrópolis

Hacía un calor brutal. Más de 30 grados, sin sombra, subiendo una colina de piedra bajo el sol del Mediterráneo. Casi me desmayo — literal, vi puntos negros y tuve que sentarme un rato. Pero no iba a venir a Atenas y no subir.

El Partenón

El Partenón es una de esas cosas que ves en fotos toda tu vida y cuando estás ahí enfrente piensas: “es real”. Dos mil quinientos años de historia y ahí sigue, medio destruido pero de pie.

Erecteión

El Erecteión con las Cariátides al lado. Cada columna es una mujer sosteniendo el techo. Los griegos eran algo más.

Bajamos medio muertos del calor, pero satisfechos. Atenas te golpea con historia, te quema con el sol, y te conquista con los gatos.


Día 4 de Europa. Grecia no es solo ruinas — es gatos, calor, primeras palabras en un idioma nuevo, y la sensación de estar parado donde empezó todo.