El avión de Atenas a Santorini es una avioneta. Y desde arriba, la isla se ve exactamente como en las fotos — un pedazo de volcán con pueblos blancos pegados al acantilado. Excepto que es real, y estás a punto de aterrizar ahí.

La jeep

En el aeropuerto rentamos una jeep. En efectivo nos salió más barata — ya íbamos aprendiendo que en Grecia, el efectivo es rey. Armando manejaba mientras Ale y yo íbamos viendo la isla por primera vez. Aire fresco, caminos estrechos, el mar azul a los lados. Santorini no es grande, pero cada curva es una postal.

Perdido en Oia

El primer problema: estacionamiento en Oia. No existe. Es un pueblo construido para burros y peatones, no para jeeps. Después de dar vueltas encontramos un lugar, pero ahí empezó el segundo problema.

Encontrar el Airbnb.

Oia es un laberinto de callejones blancos, escaleras que bajan al acantilado, y puertas que todas se ven iguales. Los mensajes no llegaban bien, no conocía cómo funcionaban las callecitas, y me adentre solo en una aventura tratando de encontrar el lugar. Cada esquina se veía igual. Subía, bajaba, regresaba. Nada.

Hasta que por fin me pude contactar con el dueño y nos ayudó a encontrar el estacionamiento correcto y, lo más importante, la cueva.

La cueva

Sí. Una cueva. El Airbnb era una cueva excavada en el acantilado de Oia — paredes curvas, todo blanco, con una terraza que daba directo a la caldera. Tenía jacuzzi. Tenía vista al mar. Tenía todo.

Terraza en Oia

Gato en la iglesia al atardecer

La primera reacción fue silencio. Literalmente nos quedamos callados viendo la vista. Después de días de caminar ciudades, trenes, aviones, maletas, y calor — este lugar se sentía como una recompensa.

Cúpula azul y la caldera

El atardecer

Santorini es famosa por sus atardeceres. Hay una razón: la caldera volcánica crea un anfiteatro natural donde el sol se hunde directamente en el mar entre los acantilados. No hay nada bloqueando la vista. Solo tú, el sol, y el Egeo.

Copa de vino con vista a la caldera

La cueva-casa al atardecer

Pasamos la tarde y la noche ahí. Bebidas, jacuzzi, el sol cayendo, las luces de Oia encendiéndose una por una. No necesitábamos ir a ningún lado.

Jacuzzi de noche

A veces el mejor plan es no tener plan. Llegar, sentarte, y dejar que el lugar haga el trabajo.


Día 5 de Europa. Santorini no es un lugar — es un estado de ánimo. Uno donde todo va más lento, todo se ve más bonito, y nada importa excepto el siguiente atardecer.