Abrí los ojos y no sabía dónde estaba. Después recordé: Emporio, Santorini, la cueva que encontré con el AirTag, el gato que entré conmigo. Todo dolía.

La cruda

Amanecimos destruidos. Los tres. El tequila del yate nos había cobrado la factura completa. Ale tenía al gato dormido en su cama — el mismo que entré conmigo la noche anterior y que aparentemente decidió que este era su nuevo hogar.

El gato que se quedó

Armando y yo subimos a la alberca del Airbnb. No a nadar — a reposar. A existir horizontalmente mientras el cuerpo procesaba litros de tequila y champaña. Yo me quedé ahí un rato largo, recuperándome poco a poco, porque en unas horas teníamos que tomar un ferry a Mykonos.

Vista desde Emporio

Terraza

La alberca

Techos de Emporio

El ferry

No teníamos opción — el ferry no espera a los crudos. Así que nos levantamos como pudimos, empacamos, manejamos la jeep a la estación del ferry medio muertos, y nos subimos. El Egeo se veía hermoso desde el barco. Nosotros nos veíamos terribles.

Mykonos

Llegando a Mykonos rentamos otro auto y nos fuimos al Airbnb. Después de instalarnos, la misión era clara: Scorpios.

Playa en Mykonos

Scorpios

Scorpios es ese beach club que ves en Instagram y piensas “algún día”. Pues algún día llegó, y llegamos destruidos. Ale estaba muerta así que solo Armando y yo fuimos al principio. Pedimos un tequila para los dos — pelo del perro que te mordió.

Tequila 100% de agave

Ale llegó más tarde, pero la verdad estábamos muy cansados y maltratados. No fue el Scorpios de fiesta épica que imaginas — fue el Scorpios de tres mexicanos sobreviviendo el día después, tomando tequila con cítricos frente al Egeo, agradecidos de estar vivos.

A veces los mejores días de viaje no son los más épicos. Son los que vienen después — cuando estás roto, cansado, y aún así te levantas, tomas un ferry, y terminas en otro paraíso.


Día 7 de Europa. La resaca como estado permanente, un gato como roommate, y la lección más importante del viaje: siempre hay otro ferry, siempre hay otro tequila, y siempre hay otra isla esperando.