La idea fue mía. Llevar a toda mi familia — 16 personas, tíos, primos, todos — de México a Perú. Yo organizé todo: los vuelos, el chofer, la cabaña, la cocinera. Cuando lo propuse, todos se animaron porque era la primera vez de muchos y sabian que yo lo iba a hacer bien. Asi que tenia que estar a la altura.

Lima a las 6 AM

Salimos una noche antes de CDMX. Vuelo nocturno, nadie durmió bien, y aterrizamos en Lima al amanecer. Teníamos unas horas antes del siguiente vuelo a Cusco, así que hice lo que cualquier mexicano haría: buscar desayuno.

Fuimos a Minka, un centro comercial cerca del aeropuerto. Encontramos un lugar que se llamaba Salsa y pedimos sándwiches de chicharrón. Para las 9 de la mañana en un país que no conocíamos, estaba increíble.

Sándwich de chicharrón en Salsa

Inca Kola — el refresco del Perú

Coordinar a 16 personas para un Uber de regreso al aeropuerto fue todo un reto. Mientras esperábamos, vimos los mototaxis — esas motos con cabina que son el Uber de los pueblos peruanos.

Mototaxis en Lima

Los Andes desde arriba

El vuelo de Lima a Cusco dura una hora y media, pero se siente como cruzar a otro planeta. De pronto la costa se acaba, y aparecen los Andes — picos nevados, valles imposibles, y nubes que se ven desde abajo.

Pico nevado de los Andes

Los Andes

Estas montañas no se parecen a nada que haya visto. No son los Alpes limpios y simétricos de las postales europeas. Son salvajes, enormes, con nieve sucia y grietas que tienen miles de años.

Cusco

En el aeropuerto Alejandro Velasco Astete ya nos esperaba el chofer que había contratado para toda la semana. Lo primero que noté de Cusco fue el aire — delgado, frío, diferente. Estábamos a más de 3,400 metros.

Aeropuerto de Cusco

Calles de Cusco

Me impactaron los colores. Todo en Perú es colorido — los edificios, la ropa, las montañas, los letreros. Después de vivir en Seattle donde todo es gris y en Mexico donde todo es neutro, Cusco era una explosión visual de cafes y rojos.

La carretera al Valle Sagrado

Tres horas más de camino. Ya llevábamos más de 24 horas en viaje, y yo iba destruido pero fascinado. Hicimos paradas en el camino — compré dulces de coca porque había escuchado que ayudaban con la aclimatación a la altura.

Choclo con queso

En un mirador paramos todos a tomar fotos. Un arcoíris apareció sobre el valle como si Perú nos estuviera dando la bienvenida oficialmente.

Arcoíris sobre el valle

Valle Sagrado

La cabaña

Llegamos de noche. No se veía nada, pero yo sabía que las vistas al día siguiente iban a ser increíbles. Ya nos esperaba la cena que Marleni había cocinado con mucho cariño — la había contratado días antes porque sabía que no había muchos restaurantes ni tiendas en la zona. Con 16 personas, necesitaba apoyo.

Cena en la cabaña

La cena estuvo deliciosa. Todos quedaron satisfechos y asombrados por el sazón local. Y yo estaba satisfecho de algo más grande: había llevado a mi familia de México a un lugar remoto de Perú. Cenados, seguros, y listos para dormir.

Mañana veríamos el valle a la luz del día.


CDMX → Lima → Cusco → Valle Sagrado. 24+ horas de viaje, 16 personas, un organizador medio loco, y la certeza de que la mejor inversión siempre es crear recuerdos con tu familia.